meteo Zamora
Los ojos
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por El becario tardío
A veces, basta con mirar a alguien a los ojos para encontrar ahí más respuestas que en sus propias palabras, con traición incluida cuando no se dominan las emociones y dicen lo que no queremos decir o lo que no deseamos que escuchen y nos dejan vendidos y con los sentimientos al aire, a merced del interlocutor de turno.
Aunque dejara escrito Antonio Machado, con buen criterio poético, que el ojo no es ojo porque lo vemos y lo es porque nos ve, de nada sirve el ojo como voyeur del mundo al que se asoma, sino deja entrar a ese mundo en él, por lo que sería una ventana inútil o al menos ínfimamente utilizada o infravalorada en la casa de nuestro cerebro, que mira y ve, pero no se empapa de lo que ve y mira, con una neutralidad que espanta.
Saber mirar y saber dejarse mirar es, por tanto, aunque no sea lo mismo, la síntesis de nosotros mismos en el entorno que percibimos con la neutralidad del color, de la forma, del movimiento que llega a la retina, pero a veces conviene cerrar los ojos e imaginar, darle protagonismo al tacto, al oído, al olfato; imaginar el mundo por su olor, sus rugosidades, sus ruidos, cerrar los ojos para dejar de ver lo que estamos viendo o verlo de otra manera e irrumpa en trance la imaginación y ya no seamos, a secas, ese ojo que todo lo ve, ese Gran Hermano que todo lo escudriña en el blanco y negro de la rutina.







