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Las Pallas: repertorio de carencias
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Prolongación del conocido paseo de Los Tres Árboles, aunque ligeramente apartado, para conformar un recóndito paraje, cauteloso de guardar secretos entre el romanticismo y la mística.
Para acceder, solo se necesita decidirse a cruzar cualquiera de los dos puentes, situados en los extremos, que sirven para separar este trozo terrenal de la orilla, imprescindible para tener tratamiento de isla, llamada de Las Pallas, y que se incluyó en la actuación en las riberas del Duero hace una década. Otras, como la isla de los Bañaderos, no tuvieron esta suerte en la profunda remodelación y transformación integral.
Se consolidaron las orillas con paredes rocosas; se niveló la superficie y se allanaron y ampliaron los caminos. Bastante más que un simple lavado de cara, prometiendo un espacio aislado, pero integrado en la ribera.
Pero entrando en el sentido más prosaico, hoy es solo un repertorio de carencias, unas por simple decadencia, otras, menos naturales. Donde el río, todopoderoso, sigue cobrando tributo a quien se atreva a modificar su trayectoria, permitiéndose llevar, poco a poco, arena de sus orillas, que nunca será repuesta. Sigue la isla sin conocer la presencia de jardinero, lo que la predispone a una tendencia a asalvajarse, llenándose de espesa maleza.
Gigantescas
Aquí, las retamas pueden alcanzar dimensiones tan gigantescas que, llegada la estación estival, entrando en estado de sequedad, ocasionen un grave peligro de incendio, poniendo en riesgo la población de árboles autóctonos, que ya han sufrido su particular holocausto con múltiples muertes, unas naturales, otras resultado de gamberradas, sin que nunca se hayan reemplazado por nuevos plantones.
Llamar la atención
Acto rebelde, donde la naturaleza inquieta pretende llamar la atención, pidiendo ser apaciguada, destinándole los cuidados necesarios y de los que se prescinde.
Pueden enumerarse estos en una larga lista, desbroces, podas, siegas, eliminación de hierbas, desinsectación y desratizaciones, junto a otras atenciones necesarias para una mínima higienización del espacio, altamente frecuentado por pescadores, deportistas y paseantes.
Además de ser uno de los escasos espacios permitidos para llevar perros sueltos, privilegio que se paga con falta de otras atenciones. Bastando indicar que solo existen dos papeleras, en los accesos, lo que puede dar una idea del mantenimiento mínimo que se realiza y que consiste en vaciar ambas con relativa frecuencia.
Por si se desconoce, apuntar que existe en la isla un sistema de canalización de agua para un posible riego, pero, desgraciadamente, jamás se ha utilizado.







